sábado, 2 de octubre de 2010

Vértigo.

Sintió la luz solar brillar cálida, cegadora, sobre sí, como atravesándola; sin saber donde estaba, se vio rodar por aquella pendiente extraña dando tumbos sin control.

A cada salto se acercaba a un abismo oscuro que se insinuaba tras un filo redondeado, pero seguía rodando sin poder parar, sin hallar un asidero para salvarse. Caía en un alarido de pavor, dejando la marca de su trayecto sobre la colina.

De pronto comprendió que no había escapatoria posible, estaba perdida, y la resignación la invadió; con una última exhalación se precipito impotente hacia el vacío, sintiendo como el vértigo aprisionaba su ser antes de estrellarse aparatosamente contra el fondo.

-Ya pasó, mi chiquitín, solo fue un rasponcito- dijo mamá limpiando una rodilla infantil, mientras veía rodar una lagrima por la sonrosada mejilla del pequeño...

No hay comentarios:

Publicar un comentario